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Lecciones que aprendí a través de las decepciones en la amistad

Por IDDAM | Blogs, Blogs de Jóvenes | Comentarios cerrados | 27 agosto, 2026 | 0

Cuando nuestros amigos nos decepcionan, ¿cómo debemos afrontarlo? ¿Qué consejos nos ofrece la Biblia para sanar y seguir adelante?

¿Alguna vez le ha lastimado alguien en quien confiaba con todo su corazón? ¿Alguien con quien usted se reía, a quien le contaba sus secretos y en quien creía que siempre estaría ahí para usted?

La amistad es una de las relaciones más significativas de la vida, basada en la confianza, los recuerdos compartidos y el apoyo mutuo. Pero ni siquiera las amistades más sólidas son inmunes a la traición y a la decepción.

Ya sea por una promesa incumplida, un objetivo no alcanzado, una traición o simplemente por sentirse olvidado, que un amigo le decepcione puede doler profundamente —a veces más de lo que esperamos.

Cuando era más joven, viví con frecuencia decepciones en mis amistades. Cuando hacía nuevos amigos o me integraba a un nuevo grupo, por lo general me sentía incómoda y, a veces, asustada. Y cuando compartía mi fe y explicaba los valores bíblicos por los que me regía, a menudo comenzaban a distanciarse de mí.

Yo era diferente. No participaba en ciertas actividades, como celebraciones paganas, viajes de aventura en sábado o bromas que traspasaban los límites, especialmente aquellas que se burlaban de la gente o de sus creencias.

Su rechazo me dolía. Pero pronto me di cuenta de que no quería formar parte de amistades llenas de insultos, juicios o deslealtad. Por eso, a menudo estaba sola.

Pero ahora me siento verdaderamente bendecida por haber encontrado paz y compañía con mis hermanos y verdaderos amigos en la Iglesia.

A pesar del dolor que me causaron, esas primeras amistades me enseñaron lecciones importantes. Me enseñaron el valor de mantenerme firme en mi fe, incluso si eso significaba estar sola.

Sinceramente, creo que fue entonces cuando empecé a aprender a elegir mejor a mis amigos: a valorar a aquellos que se mantienen respetuosos a pesar de las diferencias, respetan los límites personales y ofrecen un apoyo genuino.

La Biblia tiene mucho que decir acerca de cómo lidiar con las decepciones en la amistad.

Acudir a Dios en medio del dolor

Hubo momentos en mi vida en los que me sentí profundamente decepcionada por la forma en que algunos amigos me trataron.

En lugar de enfrentarme a ellos con frustración o permitir que el resentimiento se arraigara, tuve que aprender a llevar mis sentimientos ante Dios. En momentos de oración en silencio, derramé mi dolor y mi decepción, confiando en que Él se encargaría de la carga que yo llevaba.

El libro de los Salmos se convirtió en una gran fuente de consuelo y guía para mí. En los salmos que escribió, David a menudo expresaba a Dios sus emociones más profundas: miedo, tristeza, ira y desaliento. Sin embargo, siempre volvía a un estado de esperanza y confianza.

En el Salmo 42:11, David escribió: “¿Por qué estás tan abatida, alma mía? ¿Por qué estás angustiada? En Dios pondré mi esperanza y lo seguiré alabando” (NVI).

Incluso en momentos de ira y amargura, presentar nuestro desánimo ante Dios es el primer paso hacia la sanación. El Salmo 34:18 nos recuerda: “Cercano está el Eterno a los quebrantados de corazón y salva a los contritos de espíritu”.

Esta verdad me da la seguridad de que, incluso cuando experimento dolor emocional, no tengo por qué dejarme consumir por él. Al igual que David, puedo procesar mis emociones en la presencia de Dios, confiando en que Él me ve y me ayudará.

Elegir la paz en lugar de la amargura

Las amistades pueden brindar mucha alegría, pero también profundas decepciones. Antes, me costaba expresar mi opinión cuando las conversaciones se volvían inapropiadas o cuando me sentía olvidada y excluida.

Con el tiempo, aprendí la importancia de hablar con verdad y amor, en lugar de reaccionar con ira o frustración. Las conversaciones honestas pueden brindar claridad y sanación cuando se abordan con humildad y amabilidad.

También llegué a comprender la importancia de escuchar de verdad (no simplemente esperar mi turno para hablar) y de tomarme el tiempo para comprender la perspectiva de la otra persona.

Y luego está el perdón, quizás la parte más difícil de cualquier prueba en una relación.

Una historia que siempre me ha inspirado es la de José. Traicionado por sus propios hermanos, vendido como esclavo y encarcelado injustamente, tenía motivos para aferrarse al resentimiento.

En cambio, cuando José se reunió con sus hermanos, eligió el perdón en lugar de la venganza. No sólo los perdonó, sino que también les salvó la vida durante una gran hambruna.

Perdonar no significa olvidar lo sucedido ni fingir que no dolió. Significa dejar atrás el resentimiento y confiar en que Dios se encargará de lo que nosotros no podemos.

Como dice Efesios 4:32, “Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” (NVI).

Este versículo nos recuerda que el perdón es un asunto espiritual estrechamente ligado al perdón que Dios nos concede. Cuando perdonamos de verdad, elegimos la paz y permitimos que comience la sanación.

La decepción no es el final de la historia

Todavía recuerdo cuando asistí a mi primer campamento juvenil de IDDAM en 2011.

Como era nueva en el campamento y recién me había unido a la Iglesia, no conocía a nadie. Los demás campistas parecían conocerse ya de años anteriores, y yo me sentía ansiosa y fuera de lugar. Las dudas y los temores llenaban mi mente.

Pero Dios me abrió una nueva puerta en el campamento. Me rodeó de personas que no sólo eran amables y acogedoras, sino que también eran sinceras en su amistad.

A lo largo de los años, he seguido sintiéndome profundamente agradecida de que los amigos que conocí a través de la Iglesia se hayan convertido en hermanos y hermanas para mí, aunque nuestras vidas hayan tomado caminos diferentes.

Que un amigo te hiera es doloroso, pero no es el final de la historia. A veces, esas experiencias nos enseñan lecciones importantes, fortalecen nuestra fe y nos guían hacia amistades más sanas y significativas.

 

Crédito de la imagen: Tomwang112/iStock a través de Getty Images 

Este artículo fue escrito Por Golda Mae Baylon. Asiste a la congregación de Davao, Filipinas, de la Iglesia de Dios, una Asociación Mundial.

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