Hay un deber que los reyes de Israel solían incumplir, ¡pero que nosotros, como futuros reyes en el Reino de Dios, no podemos permitirnos olvidar!

“¡Estoy deseando ser rey!”
En El Rey León de Disney, la canción resume el sueño infantil de todos: ser rey. La mayoría de nosotros, en algún momento de nuestra vida, nos hemos imaginado cómo sería la vida si fuéramos reyes: no más trabajo, helado sin límites y no hacer la tarea, son algunas de las leyes que los niños podrían promulgar, si fueran reyes.
Pero esa frase —“¡Estoy deseando ser rey!”— debería aplicarse a todo el pueblo de Dios. Por más asombroso que parezca, todos seremos reyes y reinas, sin importar nuestros orígenes diversos. ¡La Biblia muestra claramente que Dios quiere que seamos reyes en su Reino (Apocalipsis 5:10)!
Sin embargo, hay una responsabilidad que a menudo se olvida y que Dios estableció para los reyes de Israel.
A los reyes de Israel
Al hablar con el pueblo de Israel poco antes de entrar en la Tierra Prometida, Dios les reveló, a través de Moisés, lo que esperaba de sus futuros reyes. De hecho, Dios dio estas instrucciones siglos antes de que Israel tuviera un rey.
Muchas de las reglas que Dios estableció para los reyes de Israel no eran inusuales:
- Debía ser un israelita nativo, no extranjero.
- No debería establecer alianzas con ciertas naciones.
- No debía tener muchas esposas.
- No debía enfocarse en multiplicar la plata y el oro.
La lista que aparece en Deuteronomio 17:14-17 no parece demasiado emocionante ni impactante. Sin embargo, después de dar esa lista, Dios nos depara una sorpresa:
Escribir la ley
La siguiente responsabilidad del rey era: “cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer al Eterno su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra” (Deuteronomio 17:18-19).
Pocos de nosotros diríamos: “¡No veo la hora de ser rey para poder escribir a mano la ley de Dios!”. Pero ésta era una expectativa que Dios tenía para aquellos que gobernarían a su pueblo. Lamentablemente, no hay constancia en la Biblia de que alguno de los reyes de Israel lo haya hecho realmente, pero esperemos que algunos sí lo hayan hecho.
Es importante destacar que esta tarea estaba destinada a ser realizada por el propio rey, no por un escriba, como el que tuvo David (2 Samuel 8:17). El rey no podía delegar a otros este trabajo; debía hacerlo él mismo. Escribir la ley de Dios a mano le ayudaría a comprender mejor su contenido y a desarrollar un mayor respeto por lo que la ley decía. Es probable que la ley se refiriera a los libros que conocemos como Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
Una vez terminada la transcripción de la ley, se esperaba que el rey leyera una parte de ella diariamente y la atesorara como una de sus posesiones más preciadas. De esta manera, se establecería su temor a Dios y su relación con Él y, como consecuencia, el reino prosperaría.
Considerando la triste historia de Israel, parece que pocos, si es que alguno, de los reyes de Israel hicieron esto. Quizás eso ayude a explicar por qué tantos reyes de Israel y Judá fueron tan malvados.
A los futuros reyes del Reino
Como futuros reyes en el Reino de Dios, esta tarea puede ser muy beneficiosa para nosotros. Transcribir toda la ley a mano sería una labor esclarecedora y productiva. Pero incluso si nunca logramos escribirla completa, podemos y debemos familiarizarnos profundamente con la ley de Dios, aprender acerca de ella y valorarla profundamente. Por supuesto, esto se aplica a toda la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16).
Para adquirir un conocimiento profundo de la Biblia, debemos leerla diariamente. El estudio bíblico diario es un hábito esencial para los cristianos. El estudio de la Biblia nos ayuda a mantenernos fieles a la Palabra de Dios y a no apartarnos de ella (Deuteronomio 17:20).
Como futuros reyes, tenemos la responsabilidad de profundizar en lo que dice nuestra Biblia. Leer diariamente la Palabra de Dios nos ayudará a que podamos crecer y a convertirnos, en el futuro, en reyes justos y piadosos.
Para saber más acerca de este tema, le invitamos a leer nuestro artículo “Nacidos para ser reyes”.
