Visitar Ruanda me ayudó a comprender el doloroso pasado de la nación, pero también me enseñó lecciones acerca del perdón y cómo seguir adelante después del dolor y la división.

Miembros de la Iglesia de Dios, una Asociación Mundial, en Ruanda.
Países como Chile, Argentina, Sudáfrica y Canadá han tenido una “Comisión de la verdad y la reconciliación” destinada a dar cierre a los casos de injusticia y promover la sanación y la unidad en la población, después de las atrocidades cometidas en todo el país.
Ruanda no es diferente: contó con los Tribunales Gacaca (2001 a 2012), creados para abordar las consecuencias del genocidio de Ruanda de 1994. El objetivo era impartir justicia por los crímenes de genocidio y promover la reconciliación.
Greg Swartz (odontólogo jefe y líder de la Fundación de Ayuda Internacional para Ruanda) nos llevó a varios voluntarios a diferentes memoriales del genocidio. Al visitarlos, con sus imágenes y olores tan tristes, no pude evitar preguntarme cómo el país logró volver a la normalidad y la unidad tras una serie de acontecimientos tan devastadores.

Los voluntarios de FOI en Ruanda. El autor, Carl Demadema, es el segundo por la izquierda.
La reconciliación es de vital importancia en situaciones tan horrendas. Pero ¿qué ocurre en nuestra vida cotidiana? ¿Es necesaria la reconciliación entre las personas?
Al reflexionar acerca de las veces que experimenté desavenencias con mis hermanos y hermanas, recordé las pequeñas riñas, los malentendidos y las ocasiones en que yo o alguien más había ofendido o incomodado a alguien. Comprendí la importancia de la reconciliación en mis relaciones.
La Biblia es clara en que Dios desea la unidad entre su pueblo y espera que tomemos las medidas necesarias para promoverla. Aquí hay cinco pasos importantes que nos ayudarán a buscar la reconciliación con los demás cuando hemos causado una ofensa o daño.
1. Practique la autorreflexión humilde
Cuando visitamos uno de los lugares memoriales del genocidio, nos enteramos de que algunos hutus ruandeses reconocieron sus malas acciones ante los “tribunales Gacaca”, buscando sinceramente el perdón, mientras que otros sólo pedían sentencias reducidas.
Si bien el gobierno de Ruanda y varias organizaciones han promovido la reconciliación, la negación del genocidio todavía existe entre algunos grupos, lo que hace que el reconocimiento pleno y la sanación sean un proceso continuo.
Lamentaciones 3:40 dice: “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos al Eterno”.
El primer paso para cualquier reconciliación es aceptar la realidad de nuestras acciones, si somos los culpables. Reconocer nuestro papel en un conflicto no nos hace malvados; simplemente es parte de ser humanos. Nuestro reacción suele ser estar a la defensiva y sentir ansiedad en nuestras interacciones. Eso puede generar culpa y pensamientos incómodos acerca de nosotros mismos, pero es una batalla que muchos enfrentamos dentro de la familia de Dios.
Salmos 139:23-24 lo expresa de manera hermosa: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”.
Si Dios nos ha revelado nuestras faltas, o si tenemos una idea de dónde fallaron las cosas, aceptar esa verdad es el primer paso. Y si aún no estamos seguros de nuestro error, podríamos buscar la opinión de otros.
2. Busque enmendar el daño y pedir disculpas
Patrick Mundeli y los monumentos conmemorativos del genocidio nos enseñaron que Ruanda abordó las consecuencias del genocidio mediante un enfoque multifacético: con leyes estrictas para ayudar a garantizar la rendición de cuentas, programas de unidad nacional y esfuerzos centrados en la recuperación económica, lo que fomentó la curación y la estabilidad a largo plazo.
Este enfoque me enseñó la importancia de enmendar los errores. Algo a considerar al disculparse o enmendar un daño es buscar el momento correcto, las circunstancias y la disposición de la otra persona a recibirlo. Una disculpa inoportuna o poco sincera puede ser más perjudicial que beneficiosa.
Proverbios 15:23 dice: “El hombre se alegra con la respuesta de su boca; y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!”. Las palabras reflexivas y oportunas pueden sanar, mientras que las apresuradas o descuidadas pueden reabrir heridas.
Eclesiastés 3:7 nos recuerda que hay “tiempo de callar, y tiempo de hablar”. La verdadera reconciliación requiere discernimiento: reconocer que a veces la otra persona puede necesitar espacio antes de estar lista para recibir una disculpa.
Proverbios 25:11 destaca el impacto de las palabras oportunas y reflexivas: “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene”. Debemos ser cuidadosos con nuestras palabras, asegurándonos de que expresen un arrepentimiento genuino y un deseo sincero de enmendar las cosas.
3. Inicie un diálogo efectivo
Como lo demostró la “Comisión de reconciliación” y los tribunales Gacaca de Ruanda, la verdadera reconciliación requiere conversaciones abiertas y honestas, incluso cuando son difíciles. Ambas partes deben escuchar con la intención de comprender, no simplemente de responder o defender su punto de vista.
Proverbios 18:13 dice: “Al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio”. Santiago 1:19 también nos recuerda: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse”.
Tener conversaciones difíciles permite a las personas avanzar. Evitarlas sólo deja problemas sin resolver. Escuchar con sinceridad y abordar directamente las preocupaciones es vital para una verdadera sanación.
4. Tenga un corazón de reconciliación y perdón
Durante nuestra estancia en Giti, Ruanda, Patrick Mundeli compartió una historia profundamente personal acerca de cómo su familia enfrentó amenazas durante el genocidio. Siendo hutu, su padre lo arriesgó todo para esconder a cuatro estudiantes tutsis, dos de los cuales fueron trágicamente encontrados y asesinados. La madre de Patrick, de ascendencia tutsi, casi fue asesinada también. Durante su huida a Goma, Congo, Patrick también perdió a un hermano.
A pesar de esto, Patrick habla con esperanza acerca de la nueva Ruanda, y su historia es un testimonio de reconciliación y perdón. Ahora él está casado con una mujer tutsi y tienen dos hermosas hijas. Su trayectoria demuestra que la verdadera sanación proviene de elegir el perdón y abrazar la unidad, incluso ante una tragedia y un derramamiento de sangre inimaginables.
El perdón y la reconciliación son fundamentales para la sanación, como enseña Jesús en Mateo 6:14-15: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. De igual manera, Efesios 4:32 nos recuerda: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.
El perdón verdadero no es fácil, pero es esencial para la paz y la sanación en las relaciones y las comunidades. No sólo se aplica a quienes han sido heridos, sino también a quienes han causado las heridas. Ambas partes deben estar dispuestas a perdonar y a dejar atrás el dolor que cargan. Sólo así se puede seguir adelante.
5. Sus acciones son lo más importante
Las acciones siempre hablan más que las palabras, las flores, los regalos o las disculpas. La verdadera reconciliación no se trata sólo de pedir disculpas, sino de cambiar comportamientos, actitudes y acciones. Debemos demostrar, mediante un esfuerzo constante, nuestro compromiso de corregir las cosas y evitar el mismo comportamiento dañino que causó el problema.
El apóstol Juan escribió en 1 Juan 3:18: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”. Si hemos lastimado a alguien, es fundamental que aprendamos de la experiencia y nos esforcemos sinceramente por crecer y aplicar esas lecciones en el futuro. El verdadero amor y la reconciliación se demuestran en nuestra vida, no sólo en nuestras palabras.
Aunque todos nos dirigimos hacia el mismo destino —el Reino de Dios— provenimos de diferentes trasfondos, culturas y experiencias de vida. Estas diferencias pueden influir en nuestra forma de ver las cosas, nuestra reacción e incluso nuestra interpretación de ciertas situaciones. Por eso es tan importante que nos escuchemos atentamente y estemos dispuestos a adaptarnos mutuamente cuando sea necesario.
Mi tiempo como voluntario en Ruanda profundizó mi comprensión de este tema. Me conmovió profundamente cómo, a pesar de su doloroso pasado, el pueblo ruandés se esfuerza por construir un futuro basado en el amor, la reconciliación y la paz.
El ejemplo de los esfuerzos del pueblo ruandés por perdonar y sanar puede servirnos como un ejemplo poderoso.
