“El dinero simplemente no me alcanza”, “con esta economía no se puede” o “todo ha subido de precio”. Éstas son sólo algunas frases comunes respecto al dinero. ¿Acaso Dios ha limitado nuestros recursos o no nos quiere proveer?

Si a usted al final del mes le dieran 1.000 (dólares, euros, soles, etcétera) de aumento en su salario, ¿le alcanzaría para pagar todo? Seguro usted respondería: Claro, con eso ya lo resolvería. Le sorprendería saber de que hay personas que ganan estos 1.000 más que usted, o incluso el doble que usted, y aun así, no les alcanza.
Quienes viven en Latinoamérica probablemente les parezca que las personas que trabajan en Estados Unidos, o en Alemania, sí les alcanza el dinero, porque la economía es mejor.
Nací en Alemania y viví 21 años allá, y les aseguro que el problema es el mismo. En Alemania a muchas personas tampoco les alcanza el dinero. En Estados Unidos la deuda promedio por persona asciende a más de 100.000 dólares. Ésta es la realidad para muchas personas en el mundo.
Pero también hay algunas pocas personas que ganan el sueldo mínimo en su país, y sí logran que les alcance el dinero. ¿Cómo logran administrar bien sus ingresos?
1. Un mundo de consumo y las deudas
Primero veamos el mundo en el que vivimos. Es evidente que el pecado ha traído consigo consecuencias devastadoras. Vemos la tierra que ya no produce como hace décadas, el medioambiente está deteriorado y existen crecientes desigualdades económicas.
El mundo permanece bajo el dominio del enemigo y ésta es una realidad que traspasa lo físico y se refleja directamente en la mente y en el corazón de las personas.
Actualmente vivimos en un mundo de consumismo. Por donde usted vea, existe publicidad que nos impulsa a comprar. Por ejemplo, si usted va de compras al supermercado con una la lista definida y se encuentra que el yogurt está con 50 por ciento de descuento, usted se verá tentada a “aprovechar la oferta”, aunque el yogurt no estaba en la lista y, muchas veces, usted lo compra igual.
Otro ejemplo: en una salida, se le antoja un croissant de chocolate, que tampoco estaba presupuestado, pero después de tanto trabajo, piensa que se lo merece. También… en la publicidad usted encuentra una lavadora que está con 12 cuotas con 0 por ciento de interés, y justo la suya ha empezado a sonar un poco (pero aún lava bien), mejor de una vez la compra, ya que “esa oferta se acabará pronto”. Al final del mes las cuentas aumentan sólo un poco más.
Podría seguir, pero creo que el punto está claro.
Estamos rodeados de presiones para consumir más y endeudarnos. Hoy es muy fácil sacar préstamos y tarjetas de crédito. En Estados Unidos una persona promedio tiene casi 4 tarjetas de crédito. Con un mensaje de WhatsApp usted confirma el crédito preaprobado del banco en unos segundos. Bien dicen las Escrituras que: “El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta” (Proverbios 22:7).
2. Actitud de ingratitud
Los cristianos reconocemos que es Dios quien nos da todo: la comida, la casa, el trabajo y mucho más. Le pedimos en oración que nos bendiga y confiamos en que Él nos oye. Salmos 23:1 nos recuerda: “El Eterno es mi pastor; nada me faltará”.
Pero, ¿confiamos en su palabra?
2 Corintios 9:8 dice: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”. ¿Creemos que Dios sí tiene el poder para hacerlo, pero simplemente no nos da a nosotros? ¿Limitamos nuestra confianza en Dios, porque según nosotros no nos da suficiente? ¿Oramos menos tiempo, porque pensamos que necesitamos trabajar más? ¿No compartimos con los hermanos porque pensamos que es muy poco lo que podemos compartir?
Romanos 1:21 nos dice: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”. Pensar que no nos alcanza con todo lo que Dios nos da, en realidad demuestra una actitud de ingratitud. En vez de darle gracias a Él y pagar con gusto nuestros diezmos y ofrendas, puede que caigamos en reclamarle por lo que no nos ha dado.
3. Primero la obediencia, luego la bendición
Malaquías 3:10 nos dice: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice el Eterno de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. Meditemos en la profundidad de esta escritura. Puede resultar difícil creer que Dios tiene preparada tanta bendición para nosotros, cuando estamos envueltos en un mundo de consumo, donde parece que nada de lo que tenemos es suficiente. Sin embargo, ¡necesitamos leer la escritura completa!
Es cierto que la segunda parte de esta escritura habla acerca de grandes bendiciones, pero antes de ello hay una condición: “Traed todos los diezmos…”. Dios nos ha dado reglas (mandamientos) acerca de cómo manejar el dinero. Una de ellas es diezmar fielmente y, tal como lo leemos en las Escrituras, cumplir el mandamiento de Dios va antes que las bendiciones. No pretendamos esperar las bendiciones de Dios, si no le obedecemos primero.
Colosenses 3:23-24 dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”. Dios espera que nos esforcemos en nuestros trabajos, sin que dejemos de lado sus otros mandamientos como el sábado y el cuidado de la familia.
Es necesario hacer un presupuesto
Lucas 14:28 nos dice: “Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?”. Es necesario hacer un presupuesto para entender claramente cuánto dinero tenemos disponible para el siguiente mes, en qué gastaremos y qué no podremos comprar. Con dominio propio lograremos seguir nuestro presupuesto y no dejarnos llevar por supuestas ofertas que encontramos en el camino. Debemos resistir el deseo humano de mostrar a otros todo lo que podemos adquirir.
Entonces reflexionemos en el verdadero sentido de la frase “no me alcanza el dinero…”. ¿Tendremos nosotros parte en el problema?
Finalmente, no quisiera dejar de lado aquellas situaciones delicadas en las cuáles nos podemos estar quedando realmente cortos del dinero. De encontrarnos en una situación así, le ánimo de todo corazón a conversar con su ministro y poder encontrar la salida, con la guía de Dios.
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