Existen dos deportes muy parecidos: uno donde el objetivo es derrotar al oponente, el otro donde se busca que el oponente no pierda. ¿A qué deporte jugamos en nuestro matrimonio?

Hace varios años, cuando me mudé de Porto Alegre, Brasil, a Santiago de Chile, estaba recién casada. Fue entonces cuando recibí un consejo de una dama muy sabia y amable. Ella me dijo que tenía una fórmula para mantener un matrimonio feliz.
Ella me dijo más o menos así: “cuando tu esposo esté extraño, enojado, si te trata de forma brusca, etcétera, en ese día te aconsejo a servirle con mucho amor. Cocínale la mejor cena, prepárale algo rico, hazle cariños, cuéntale un chiste, etcétera”. Y añadió: “Amar es servir. Es desear lo mejor para el otro. Haz así sin esperar nada a cambio. Los más probable es que recibirás también amor y construirás un matrimonio fuerte y, eventualmente, feliz”. ¡Qué consejo más valioso y lleno de verdad! Pero, ciertamente, ¡qué difícil me ha sido seguir este buen consejo!
El Frescobol, un deporte de colaboración
Hace poco estuve meditando en aquel consejo —siete años después. Ahora tengo un poco más de experiencia en el matrimonio, pero todavía no soy tan sabia como mi amiga. Justamente me acordé del consejo de ella porque leí un texto muy interesante.
El autor del texto es un cronista brasileño de nombre Rubem Alves. En el texto, él compara al juego de Tenis con el Frescobol. El Frescobol es un juego de paletas de playa originado en Río de Janeiro en la década de 1940 (específicamente en Copacabana). Es un deporte de colaboración, en donde normalmente dos personas utilizan paletas de madera o fibra para mantener una pelota en el aire el más tiempo posible, sin que caiga al suelo. En este deporte no hay rivales.
En este deporte, para que el partido sea bueno, ninguno debe perder. Si la pelota llega mal, el otro hace el mayor esfuerzo para devolverla bien, para que el compañero de juego pueda recibirla mejor.
En cambio el Tenis, según el cronista, es un deporte feroz. El objetivo es derrotar al oponente. El buen jugador de Tenis conoce la debilidad del otro y hacia ese punto direcciona sus golpes de ataque. El partido termina con la victoria de uno y la derrota y pena del otro.
Debo mencionar algo: no tengo nada en contra del Tenis. De hecho, encuentro que es un deporte muy elegante. Pero ustedes entenderán el punto de comparación y su relación con los matrimonios.
Al observar de manera superficial, jugar a las paletas de playa puede que se parezca al tenis: dos jugadores, dos raquetas, una pelota. ¡Pero el objetivo de ambos deportes es completamente distinto!
El autor hace una analogía entre los dos deportes y la manera de llevar el matrimonio.
En la crónica, el autor afirma que hay dos tipos de matrimonios: los que parece que juegan un partido de Tenis (los matrimonios más comunes) y los que parece que participan en un juego de Frescobol.
Me acordé de aquel consejo que recibí de mi amiga. En el juego de paletas, no somos adversarios. Ninguno de los dos busca la “victoria” para terminar el partido. El único objetivo de los dos es que la pelota no caiga al suelo.
Lo entretenido en el juego de paletas de playa es que la pelota vaya y vuelva, con risas, con el desafío de que juntos mantengamos la pelota en el aire. Los dos debemos luchar contra el viento y desear que el otro alcance la pelota sin que caiga al suelo. Durante el partido, nos reímos de los errores mutuos. Nadie marca puntos. Nadie sale ganador. Los dos juegan bien o mal… pero juntos. Este juego no es individual y tampoco hay competencia. Sólo hay que evitar que la pelota caiga al suelo.
El Tenis, un deporte de competitividad
En el caso del Tenis, cada jugada es una disputa. En cada set, uno quiere salir con la razón y probar que el otro está equivocado. Cada momento es una oportunidad para marcar puntos y vencer al otro.
Pero —tal como lo menciona Alves— ¡en el matrimonio, el que gana el “partido de Tenis” tiene mucha competencia en su mente. El partido se acaba al derrotar al otro. El otro jugador termina triste o enojado, mientras que el “vencedor” sólo gana orgullo.
Cuando vivimos el matrimonio como un partido de Tenis, al final los dos perdemos. Perdemos tiempo comiendo y durmiendo mal, trabajando mal, sufriendo, sintiéndose solos y vacíos… hasta que todo termina.
Que la pelota no caiga al suelo
En cambio, cuando vivimos el matrimonio como jugando a las paletas de playa, ninguno quiere dejar la pelota caer. Pero si uno, por error o descuido, la deja caer, pide disculpas al otro y el otro responde con disculpas también, porque no la lanzó bien… y continúan el juego una y otra vez, cada uno haciendo su mejor esfuerzo. Cada día son nuevas risas, más experiencia y cuidando simplemente que la pelota no caiga al suelo.
¿Qué pasa si el esposo llega a casa pareciendo invitarme a jugar Tenis en lugar de paletas de playa? Es el momento de seguir el consejo de mi sabia amiga, de quien ya les conté: pon tu mejor sonrisa, prepara su plato favorito de cena, cuéntale una broma y sírvele con todo tu amor.
Nosotras podemos cambiar el tipo de juego. Entreguemos amor y paciencia. Así también recibiremos el bien de regreso, y ambos cosecharemos compañerismo y sinergia en el partido de la vida, hasta que llegue a su final, cuando muramos o cuando Cristo regrese a la Tierra.
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