En medio del sermón que estaba escuchando en los servicios del sábado, el ministro leyó esta cita: “Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:16-18).
Este episodio es bien conocido por nosotros. Tenemos en mente los detalles y antecedentes de la situación, la posición que Nabucodonosor como rey y gobernante supremo y poderoso en aquél entonces, asumió frente a estos tres jóvenes.





